viernes, 22 de junio de 2007
Ex-Yugoslavia
domingo, 17 de junio de 2007
ocho
1. Me encantan aquellos placeres de la vida que requieren, no necesaria pero sí aconsejablemente, mayor estudio para su conocimiento y disfrute. Entiéndase por ello la cocina, los puros, el café y, especialmente, el vino. Esto me lleva a particularizar un segundo punto. 2. De un tiempo relativamente reciente a la fecha, por causas casi meramente aleatorias, he desarrollado una fascinación por el vino (tinto especialmente) que me ha llevado a pensar, más seriamente de lo que cualquiera de ustedes pueda suponer, en ir en un futuro cercano (terminando el ITAM sería una buena oportunidad) a Baja California a estudiar enología y a establecer, en un futuro no tan inmediato, unos viñedos y, obvia y consecuentemente, a fabricar vinos. 3. Me aburro rápidamente de lo que hago. Quizá por inquietud, quizá por mera desidia, no duro mucho tiempo en una misma cosa. Son pocas las cosas que me apasionan perpetuamente. ¿Signo de dinamismo y evolución o de simple inconstancia? Aún no lo sé, aunque me gusta pensar que es evolución. Incluso un libro, si siento que no estoy avanzando o que no está llegando a ningún lado, me aburre rápidamente. 4. Me siento, con relativa frecuencia, atrapado en un mundo que me desespera. Quizá me desespere mi familia por mero temor a terminar pareciéndome a ellos más de lo que quisiera: bromas malas y repetidas, pláticas sin sentido (esas ya las padecen quienes intentan hablar conmigo), comentarios absurdos, anécdotas conocidas contadas una y otra vez, ... 5. Me "hago pendejo", como me dijo alguien a quien quiero mucho hace poco. Me doy cuenta de más cosas de las que la gente cree, incluso cuando pretenden "pendejearme", pero me da exactamente igual. Sé que debo hacer cosas que no hago y pienso cosas que no digo. Una coraza de "excesiva bondad" me hace decir lo que los demás esperan escuchar. Espero, en verdad, cambiarlo pronto; aunque las consecuencias pueden ser muy negativas y me asusta. 6. Soy, básicamente, un miedoso. Es fácil confundirlo con hueva y con bondad; pero, aunque algunas veces se trata, efectivamente, de lo anterior, suelo evitar los conflictos por temor. ¿Temor a qué? A cualquier cosa. Al mero conflicto. A mi complejo de inferioridad-superioridad. 7. Soy un chillón. Muchos, probablemente, no me han visto llorar; pero, quienes me conocen de cerca y a profundidad, me ven berrear por cualquier cosa. Por suerte, creo, eso ha cambiado un poco últimamente. 8. (Para reducir la tensión en el ambiente) Me encanta la sopa de coditos con crema, mayonesa, cebolla, pimienta y jamón. Le he encontrado un gusto excesivo a mi licuado (originalmente parte de mi dieta, pero quizá haya llegado para quedarse) de pera, avena, miel y agua.
Isabel Zapata Morales ha acaparado a la mayoría de los lectores de mi blog que cuentan con un blog propio. Por ello encomiento a Carlos Martínez y a Nuria Valenzuela para continuar con esto y a cualquier lector esporádico que guste hacerlo. NOTA: He titulado esta nota con el mismo nombre que le dio IZ como un tributo a su texto y por darle continuidad a todo esto.
Mal día
viernes, 1 de junio de 2007
Anti-Social
No sé qué hago y no sé qué hacer. La vida no parece tener nuevas emociones. Podrá estar plagado de novedades, pero no de emociones. Nada es lo que llegó a ser. Todo ha perdido su sentido.
La gente me da asco, más allá del sentido literario, incluso físicamente. Vivo en un mundo sucio, plagado de hormonas grasosas, sucias, malolientes… Aún las personas a las que quiero me causan esa misma sensación. Yo debo bañarme cada mañana o, en caso contrario, quedarme en bata, en mi casa. Vestirme sin haberme bañado me da una sensación de suciedad incontrolable.
Día tras día me aburre más platicar con la mayoría de la gente. Mis padres me desesperan. Amigos me desesperan. Yo me desespero. Nadie sabe y nadie entiende nada. Todos presumen de hacerlo; pero, en realidad nadie me comprende, nadie se comprende, yo no me comprendo y yo no comprendo a nadie.
¿Por qué ha perdido todo su sentido? Porque los libros no tienen sabor, los cines no tienen cine, los teatros no tienen público. El sexo me aburre. Mi mente necesita perderse y volar, pero atada a algún pensamiento al cual perseguir. La mota carece de libertad, sólo brinda un confort momentáneo. El alcohol. Podría beber eternamente; pero, ¿qué sentido tendría eso? El ejercicio ayuda, sí, a desahogarse, mas no vislumbra un fin. Sólo tengo dos fieles compañeros: el café y la cocina.
Ver humear el café dentro de la taza es, por sí mismo, una delicia. No verlo (cuando un vaso de cartón con una tapa plástica lo impiden) permite redescubrir su sabor a cada trago. Imaginar los olores y los colores de la cocina es algo fuera de toda proporción. La desidia frustra mi motivación a cocinar; pero, la simple imagen en mi mente de todos esos ingredientes es una belleza. Yo, entonces, me resumo a esperar el momento en el que pueda degustar una de esas delicias supremas acompañada de una inigualable copa de vino (tinto, sobra decirlo).
He vuelto a aquellas etapas de mi vida en las que simplemente sueño vivir apartado del mundo. Una cabaña de un solo cuarto, con una terraza o un pórtico, en un bosque, frente a un lago, cerca de un pueblo tranquilo donde un pueda abastecerse, suele ser una opción recurrente. Escribir, perder el tiempo soñando, perder el tiempo viendo, perder el tiempo pensando, perder el tiempo, preparar café, cocinar, ¿qué más haría falta? Un poco de música clásica tal vez.
Alejarse del mundo y dejar al mundo en paz. Eso es lo que hay que hacer.