domingo, 23 de agosto de 2009

Crónica de un regreso

8:25 a.m. Llegada a la pintoresca Tijuana. Tras un larguísimo aterrizaje (me gusta cuando el avión aterriza casi sin rebotes y logra frenar casi de inmediato), entramos al poco estético y nada sofisticado aeropuerto de esta ciudad. Caminé hasta las bandas de recolección de equipaje y me topé con un mar de gente. ¿Cuántos vuelos llegarán cada hora a Tijuana?

Aguardé mi maleta, compré mi boleto de camión a Ensenada y me dirigí a la salida. Avanzaría poco antes de toparme con una enorme fila para pasar, luego de mostrar tu pasaporte aún en territorio mexicano, rayos X.

Luego de diez minutos formado, un agente de seguridad comienza a decir que esa no es la fila, que la fila comienza en otro lado. Absurdo que lo diga después de que llevamos ahí, ante sus ojos, un buen rato. Nadie le hace caso e incluso hay quien comienza a gritarle "¡Fuera! ¡Fuera!". El uniformado desaparece y, un par de minutos después, un hombre distinto, sin uniforme, dice que siempre sí es esa la fila, que la otra es para la otra máquina. La gente, una vez más, no hace caso. Las filas terminan intercalándose sin ningún orden. "Bienvenidos a Tijuana" - grita en la fila un hombre de traje.

11:30 a.m. Ensenada, al fin. Caminé desde la minúscula estación de autobuses al hotel. Creí que estaba más cerca de lo que realmente está, pero aquí ninguna distancia es verdaderamente grande. Mi cuarto aún no estaba listo, por lo que bebí una margarita de cortesía (que invento tan desagradable es esa bebida, como casi cualquier otra mezcla que involucre tequila barato, presuntamente creada en el bar de un hotel de esta ciudad) mientras navegaba un rato por la red. En cuanto concluyó la media hora pactada para poder entrar a mi habitación, regresé por la llave y fui a desempacar. Hora de una visita a La Guerrerense.

Es una de las tantas carretas donde pueden comerse ceviches y/o almejas preparadas en este puerto. Su especialidad, a mi parecer, las tostadas de erizo. Aunque de un sabor naturalmente fuerte (hay quien dice que es como una cucharada de yodo), una vez cocinado, este animal cobra un sabor nada sutil, pero maravilloso. Todo tipo de salsas, procesadas o hechas por ellos mismos -mis favoritas-, están a la disposición para aderezar tostadas y cocteles. El agua de horchata es igualmente deliciosa.

Caminando sin rumbo definido -aunque en el inconciente seguramente lo estaba- llegué hasta el restaurante Del Parque, ubicado, efectivamente, frente a principal parque del centro de Ensenada. Un par de amigos trabajan ahí, tanto en la tienda de vinos -donde compré tres nuevas botellas para probar en las tardes de laburo- como en la cocina del restaurante. Fue una visita fugaz, que me permitiría ir a dormir al hotel antes de regresar para cenar con otra amiga.

8:00 p.m. En las mesas Del Parque. Por supuesto confié en las recomendaciones de mi amiga y chef Ismene y dejé que decidiera mi menú. Mejillones capeados con una mayonesa de hierbas, ensalada de arúgulas con callo y pizza de quelites con cebolla caramelizada fueron el fantástico preámbulo para un par de postres de ensueño: cazuelita de chocolate (al primer bocado me trajo recuerdos de infancia gracias al sabor a cáscara de naranja, la cual odiaba en aquella época y no comprendía por qué a mi padre le gustaban tanto cubiertas con chocolate) y panna cotta.

¿Quién pensaría que lo que bebería el primer día de vuelta en Ensenada sería, además del agua de horchata de La Guerrerense y un litro de deliciosa agua de cebada, cerveza? Me topé con la grata sorpresa de que en El Parque venden unas cervezas artesanales que quería probar desde hace tiempo. La sorpresa no terminaría ahí. Armando, un amigo que hace un año trabajaba en La Escuelita, andaba por ahí y resultó ser el nuevo encargado de la elaboración de esas bebidas de nombre Labricha -en memoria de un perro de Álvaro, el creador de este proyecto-.

12:00 a.m. Santo Tomás. Fue la verbena de la vinícola más antigua del valle, aunque no amerita más comentarios. Mucho más interesante el año pasado.

9:00 a.m. Sorprendentemente rutinario. Habiendo dormido cinco horas y luego de un refrescante baño, salí a desayunar al Rey Sol. Jugo de papaya y naranja, omelette de aguacate con crema y un pan dulce. Seguí mi camino hasta el Starbucks (digo "el" porque es el único en Ensenada, o al menos lo era hace un año) donde me topé a otra amiga que allí trabaja y donde permanecí varias horas trabajando para después, de regreso al hotel, recordar que ésta es, probablemente, la única ciudad del país donde el peatón tiene la preferencia absoluta -salvo que haya un semáforo- y donde se maneja ordenada y civilizadamente.

Tantos recuerdos...

martes, 11 de agosto de 2009

Sobre mi futuro político

Llámenme exagerado, romántico o ridículo pero hoy, al pasar al super camino a mi casa, un acto muy sencillo me cayó como bofetón luego de una charla con T.

Llegué a la caja, deposité todo en la banda, pagué y, luego de sellar mi boleto y tomar mis bolsas, me disponía a darle la acostumbrada propina a la señora que me ayudó cuando, no sin sorprenderme y a pesar de mi insistencia, me dijo: "No, no es necesario". Supuse que se trataba de una cajera quien, luego de cerrar su registradora, se dispuso a ayudar a empacar las cosas. Aún así pudo haber tomado las propinas ganadas por su no menospreciable ayuda, pero no fue así. Me pareció un acto de gran compromiso con su equipo de trabajo y su empleo mismo.

¿A qué va todo esto? A que acababa de hablar con mi casi-siempre-atinada y siempre sensata novia sobre mi meta en la vida y mi falta de compromiso para con ella (la meta, no la novia). Siempre he sido, como dije en un post reciente, cambiante. En algún momento pensé que formaría parte de una revolución, luego quise tener un puesto en el que pudiera poner en práctica políticas públicas limpias y efectivas, después quise ser investigador, luego enólogo... En fin, por eso no paramos. Sin embargo, ya es momento en que defina un rumbo y apunte las miras hacia el final del mismo, comenzar a forjar una carrera, una reputación y un prestigio.

Me gustaría ser enólogo, sí, pero la inversión en tiempo es mucha (en varios sentidos) y los sacrificios para ponerlo en práctica no son pocos. Tener un puesto importante en la administración pública es algo que, por ahora, no me convence... La grilla, como bien saben, es algo que no me inspira. Sin embargo, sí me gustaría contribuir a ese diseño institucional y al desarrollo de una cultura democrática en este país. Me gusta escribir, por lo que podría sumarme a las filas del periodismo, pero hay algo que me llama a algo más, algo parecido a ese terminajo de moda: "analista político". Sergio Aguayo es un buen ejemplo por su interés en la cultura política, pero simpatizo más con Ciro Murayama y su perfil, creo, un poco más intelectual y menos mediático. ¿Por dónde empezar entonces?

El primer paso, probablemente, deba ser el que sugirió, antes de estas conclusiones parciales, T: tomar un curso de redacción. Eso me servirá no sólo para este ámbito sino también para lo que espero conservar como un pasatiempo que pudiera llevar paralelamente: escribir sobre vinos y comida.

Para empezar, le mandé un mail a Ciro con un par de dudas sobre el Instituto de Estudios para la Transición Democrática. Después, buscaré un curso de redacción, tomaré el puesto que me ofrecieron en Expansión para conocer un poco acerca de comunicación institucional y periodismo y, finalmente, mantendré los ojos abiertos a una chamba más ad hoc con mis intereses, aunque me mantendría abierto a la posibilidad de trabajar en el sector público, para ganar un poco más de experiencia en gobierno y conocerlo de cerca.

Los sueños de ser el enólogo más reconocido de México quedan de lado. No por eso abandonaré mi gusto por el vino y la cerveza, la comida y el mezcal, el whisky y toda la cultura que gira en torno a estos temas. Quizás me inscriba, un poco más adelante, a los cursos para sommelier, escriba al respecto de manera seria y, a mediano o largo plazo, ponga en práctica mi idea de importar cervezas o whiskies e, incluso, de poner un baresillo.

Hoy, en pocas horas, mi rumbo de vida tomó un poco más de claridad.

domingo, 9 de agosto de 2009

Adicción en la red

Me he vuelto, de nueva cuenta, adicto a Facebook. No en la misma medida en que llegué a serlo hace un par de años ni por las mismas razones, pero cada que me conecto a Internet termino entrando a FB. La razón es sencilla: Biotronic.

Se trata de un juego en el que deben moverse fichas de distintos colores para formar líneas horizontales o verticales de al menos tres piezas. Suena absurdo, pero es uno de esos juegos que implican, a mi parecer, cierto reto a mi destreza. Puede tratarse de una obsesión por ganar puntos, superar mi record y el de los demás. Lo mismo llegó a pasarme en distintos momentos con juegos o pequeños tests de IQ, que me resultaban divertidos y estimulantes.

Como dije en el post anterior, recobraré mis tiempos de lectura, y para ello deberé dejar de lado Biotronic -al menos en cierta medida-. Será un duro golpe, pero así debe ser. Adiós Bio (así lo llamaré de cariño de ahora en adelante). Pasaré a visitarte de vez en cuando.

jueves, 30 de julio de 2009

The New York Trilogy

Sí estoy de vacaciones, sí estoy en la playa, sí son mis últimos días, sí debiera estar asoléandome o nadando en el mar o jugando con mis sobrinas entre arena o bebiendo piñas coladas y daiquirís de fresa o mango hasta que me duela la panza y tenga que tirarme en un camastro o un sillón hasta reponerme ...pero en lugar de eso estoy aquí, bajo el impulso de escribir algo en este abandonado blog.

Suelo abandonar las cosas. No es, definitivamente, algo de lo que me enorgullezca. Abandono los deportes, los libros a la mitad, la lectura y la escritura por meses, a algunos amigos por semanas, el alemán a pocos meses de comenzar... Sé que debo dejar de hacerlo. A veces lo adjudico a mi supuesto TDAH y a lo difícil que me es concentrarme a veces. Puede que sí se deba a ello, pero sé que debo dejar de hacerlo.

Leer a Auster durante varias semanas (probablemente se transformaron en meses gracias a los demandantes horarios de mi antiguo empleo) fue maravilloso. No sólo por su escritura misma, sino porque es uno de esos libros que te atrapa y te llama de nuevo a la lectura, a la escritura y a toda esa curiosidad que se desarrolla a su lado. The New York Trilogy tiene grandes personajes involucrados en tres historias similares que, bajo la pluma de Auster, terminan no pareciéndose en nada (fuera de sus afinidades centrales, se entiende). Me falta una parte de la tercera y última parte, por lo que quizás esté adelantandome y diciendo incoherencias, pero es un libro que no me agobia haber leído muy lentamente, como el mismo autor, citando a Thoreau, dice debe ser.

No por primera vez, pero sí la más reciente, T me dijo que debiera preocuparme un poco más por mi futuro. A veces parezco estar enteramente despreocupado de las cosas, lo sé, pero definitivamente no es así. Tengo muchos conflictos internos que aparento pasar de lado y que no hago mucho por resolver, pero estoy en una etapa de mi vida en la que creo tener la motivación suficiente para cambiar al menos algunas de esas cosas: comenzaré a trabajar en un proyecto interesante en lo que busco algo más atractivo y medito sobre mi porvenir, cambiaré -una vez más- el tema de mi tesis por algo más atractivo y que me incite a terminarlo lo antes posible, coordinaré mis horarios para retomar el alemán, dejaré de evadir mis tiempos de lectura, me haré un par de análisis médicos que tengo pendientes... Suficiente para empezar.

Creo que estos cambios de actitud comenzaron a gestarse hace casi dos años, con la muerte de mi padre, aunque no me queda duda de que se han encaminado más certeramente desde hace un par de meses, gracias a la guía, a veces sin darse cuenta, de una novia malacopa y el eterno refuerzo de IZ.

"Death is something that happens to us every day" - Auster

miércoles, 8 de julio de 2009

Destino

Después de cuatro meses y medio en este Cuarto de Paz, varias decenas de reportes del editor, de investigar el entorno electoral de Sonora a diario, de varias notas y opiniones sobre encuestas, de sufrimientos, de alegrías (más de éstas que las inmediatamente anteriores), de días en los que mis ojos simplemente no querían abrirse por horas a pesar de la intensidad que el esfuerzo pudiera llegar a abarcar, de interminables pláticas en messenger, de horas y horas en facebook, algunas más en twitter, de cientos de mails con personas que no conocía antes de esto, de incontables días sin ver a amigos a los que solía ver casi a diario, de posts olvidados, de faltas al gimnasio, de espressos dobles cubanos y bebidas gays (espresso con leche condensada), de una mala nutrición, de un par de días con gran malestar físico, de varias siestas laborales, de ataques innecesarios, de bromas "palaciegas", de simplezas y chistes absurdos, de ataques de risa, de ternura, de amor, de rabia, de grandes amistades, de cambios de opinión, de intentar aprender a hacer cosas nuevas... En fin, 135 días de formar parte de un gran proyecto al cual no estaba convencido de entrar pero del que me siento orgulloso y afortunado de haber sido tomado en cuenta y de un magnífico equipo que logró sacar esto adelante a costa de todo.

Esto llegó casi a su fin. Unos días más y esto comenzará a desvanecerse... Algunas cosas perdurarán, otras quedarán como gratos recuerdos. Lo que es un hecho es que no tenemos idea de cuál será nuestro destino y nuestro paradero. Hay algunas ideas, pero las dudas flotan.

No me queda más que comenzar a mentalizarme para el momento en que, entre lágrimas, deba despedirme de este lugar y de las larguísimas horas que paso entre esta gente.

domingo, 28 de junio de 2009

Aventura

(Probablemente nadie, mas que una persona, entienda lo siguiente... Aún así, valió y vale la pena.)

Vicio, amor, ternura, impulso, pequeña acrobacia, espacio justo.

Agitación, palpitación, locura semidesnuda...

Humedad, calor, vaho, sudor...

Silencio.

Oscuridad.

Excitación... Justicia.

Temor. Pena. Temor.

Frustración.

Huida.

Amor. Ternura.

Risa.

Alegría.

Amor.

Simbiosis.

Amor.

Complicidad.

Eternidad...